lunes, 12 de febrero de 2018

Testimonio-Entrevista del P. Víctor García al Dr. Tudor Petcu


PRIMEROS AÑOS

Mi búsqueda espiritual comienza desde pequeño. Como la gran mayoría de los españoles, fui bautizado en la Iglesia católica romana en la ciudad donde nací, una pequeña ciudad de interior llamada Jaén (España). Durante mi infancia, fui educado en una familia donde primaba el amor dentro de la familia y donde en mayor o menor grado, Dios se hacía presente tanto en mi padre como en mi madre. La educación que recibí siendo niño se realizó en un colegio religioso igualmente católico romano, dentro de la corriente salesiana en la ciudad de Sevilla, ciudad en la que prácticamente he vivido toda la vida.

Quizás influenciado tanto por el propio colegio, como por mi propia familia, durante mi educación primeriza y durante algunos años, participaba de forma más o menos continua en la iglesia durante los domingos como “monaguillo” en lo que se llamaba por aquel entonces la “Misa de los niños”. Es en esta época, cuando recuerdo que durante una misa, puedo considerar que Dios me habló y yo le escuché por primera vez. Recuerdo que no tendría más de 11 años cuando saliendo de una de las misas le dije a mi madre “Mamá, de mayor quiero ser sacerdote”. Lógicamente mi madre por aquel entonces tomó eso casi como una broma, pero ya en mi corazón la semilla estaba plantada, lo que no sabía entonces es que Dios me llamaría, muchos años después pero en la Santa Iglesia Ortodoxa.

Durante la adolescencia, mi percepción espiritual y mi concepción religiosa lamentablemente se redujo a un segundo plano durante la mayor parte de los años, no obstante. al vivir en una ciudad donde la “religiosidad popular” se hace muy patente durante la Semana Santa, siempre me mantenía ligado a nuestro Señor, aunque fuera dentro de ese contexto. Sin embargo, mi amor hacia esa “religiosidad” fue decayendo a la vez que mi corazón se expandía buscando la trascendencia de todo lo visible hacia lo invisible. Esto hizo que me replanteara el cristianismo católico romano (que por aquel entonces era el único que conocía) y lo pusiera en cuestión aunque en varias épocas del año siguiera enlazado de forma espiritual con Cristo, pero no con la iglesia que me habían enseñado desde pequeño y que desde mi punto de vista, coartaba al hombre.

BÚSQUEDA ESPIRITUAL

Quizás el momento de inflexión fue cuando comencé a realizar una búsqueda “alternativa” espiritual que realmente sintiera que era mi camino y comencé un estudio sistemático de varias confesiones religiosas, tanto cristianas, como no cristianas. Por aquel entonces, Dios me estaba preparando un camino de descubrimiento que desembocará en la Ortodoxia y por la gracias de Dios en mi indigno sacerdocio.

Durante dos quizás tres años estuve probando y conociendo diferentes ramas, entre ellas la cristiana evangélica (protestante) que si bien desde un punto de vista actual, me parecía muy llamativa, la trascendencia que buscaba dentro de ni fe no la encontré en ninguna de las corrientes, aun siendo muy actuales y llamativas para los jóvenes. Desde mi punto de vista, se dedicaban más a atraer masas, que a las enseñanzas verdaderas de Nuestro Señor. Todavía, Dios no me había “presentado” la ortodoxia.

Durante ese mismo periodo, el último año, conocí las diferentes corrientes budistas que durante un tiempo me alejaron del cristianismo en pos de una meditación y de unos conocimientos muy interesantes, pero que llegado el momento encontré vacío en cuanto a mi corazón se refería ya que me planteaba la siguiente pregunta que ninguna corriente budista me contestó: “y ahora, qué”.

Sin embargo, fue precisamente una de las herramientas de esta tradición filosófica, lo que me hizo conocer el mundo ortodoxo. La meditación, que he de reconocer me parece una herramienta de autoconocimiento muy bueno, me hizo volver a buscar este tipo de “procesos” dentro de las diferentes corrientes cristianas y volver por tanto a mis orígenes, de forma que pudiera implementar dicha herramienta en mi cristianismo tradicional. De esta forma y a través de un proceso de búsqueda en el que sin duda Dios tuvo (y tiene) mucho que decir, llegué a la oración hesicasta por excelencia de la ortodoxia, la oración del corazón “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador”. Ese, fue el punto, a Dios gracias, de no retorno. Así conocí la ortodoxia y así conocí, por fin, el camino que Dios tenía para mí.

LA ORTODOXIA

A partir de aquí, comienzo un proceso de transformación que me hace adquirir publicaciones referentes a la ortodoxia y a su teología, empaparme de amor hacia la iglesia y hacia sus ritos y oficios, pero sobretodo saciarme de una espiritualidad y de una vivencia religiosa que por aquel entonces no veía y creía borrada de la tradición católica romana en pos de legislaciones, cambios y una historia cuanto menos grisácea del cristianismos en el mundo occidental.

En mi búsqueda, comencé a preguntarme si no habría alguna iglesia ortodoxa en mi territorio, y para mi sorpresa, había una. Por aquel entonces yo no entendía de patriarcados, diócesis canónicas y no canónicas, reconocidas o no reconocidas por el mundo ortodoxo. Era tal mi ansia de saber y de vivir la fe ortodoxa que pasé todo eso por alto. En mi ciudad, resulta que existía una iglesia ortodoxa, y además con la Liturgia en castellano ¡que caminos pone Dios delante nuestra sin que lo sepamos!. Durante este tiempo hablé con la que era mi novia (por la Gracia de Dios, hoy mi amada mujer) de mi “redescubrimiento cristiano” y de mi intención de conocer de forma más profunda esta iglesia. Dios, en ese momento me tenía reservado otro regalo, la que ahora es mi mujer, me apoyó desde un primer momento de forma total y me abrió los brazos para que decidiera lo que mi corazón y mi alma me dictaran. Así llegué a la iglesia ortodoxa y conocí al que sería mi padre espiritual, el P. Pablo, el cual al poco tiempo de conocerme, me dijo una de las frases que me transformó y que sin duda hizo que la ortodoxia se convertirá en mi camino final: “Los hombres podrán defraudarte, lo que nunca te defraudará será la ortodoxia”. A partir de aquí, mi proceso de transformación y de estudio se hizo continuo gracias a los PP. Pablo y Miguel, que a través de su escuela catequética y teológica, me fueron preparando para uno de los días más maravillosos de mi vida, el día en el que recibí el Sacramento de la Crismación en el que estuvieron presentes la que hoy es mi mujer, mis amigos y familiares.

Dios me volvió a dar otro regalo en forma de amor inconmensurable de mi familia, la cual, una vez respondidas las consiguientes preguntas y dudas sobre un cambio de confesión religiosa, me apoyan con un amor incondicional y poco a poco fueron profundizando en la ortodoxia, comprendiéndola y amándola aun desde su percepción católica romana.

Lo que sigue a partir de aquí es un estudio continuado teológico y litúrgico a la par que un proceso de la pequeña iglesia de San Serafín de Sarov de Sevilla y las comunidades que dependían de ella en busca de la canonicidad que si bien estaba implícita en la ordenación sacerdotal de los PP Pablo y Miguel, no estaba explícitamente sobre la iglesia local propiamente dicha. Esto llegó con la incorporación de nuestra iglesia a la ROCOR (Iglesia ortodoxa rusa fuera de Rusia) en el año 2012 con la que la iglesia entró de pleno en la canonicidad y posteriormente por motivos pastorales, en el 2016, con la incorporación al Patriarcado Ecuménico de Constantinopla.

Mis estudios teológicos litúrgicos y profundización en la fe ortodoxa gracias a la escuela del P. Miguel de Cádiz durante los últimos diez años, junto a mi matrimonio en nuestra maravillosa iglesia con mi mujer, hicieron que fuera avanzando siempre desde el amor y la humildad en un camino que se inició con el sacramento de la Crismación y que gracias a Nuestro Señor y al amor pastoral que tiene por su comunidad el S. E el Metropolita Policarpo de España y Portugal del Patriarcado Ecuménico considerara mi ordenación sacerdotal para la comunidad de Sevilla y por tanto, poder llevar la ortodoxia y el amor de Cristo tanto a los propiamente nacidos ortodoxos como a los españoles que son llamados por el Señor a conocer la que es sin duda el camino correcto y la fe correcta de salvación.

TP: ¿Qué significa para usted ser un sacerdote ortodoxo español?

Dentro de mi completa indignidad, ser sacerdote en España es un reto, un orgullo, una bendición de Dios y una lucha tanto espiritual como humana por el contexto en el que se encuentra al sociedad española.

Es un reto porque ser sacerdote ortodoxo en un país eminentemente católico romano y a la vez un país en el que la religión y amor a Dios está cayendo en una secularización a pasos agigantados, hace que en el día a día haya que mostrar a la sociedad que otro camino es posible y que ese camino existía desde los primeros siglos del cristianismo y que ha llegado hasta nuestros días sin desvirtuarse. Es un reto porque mantener un grupo de fieles en donde el 95% de los mismos son de fuera del país y por tanto es una comunidad muy flotante te hace esforzarte en mantener una visión optimista de que tarde o temprano, la ortodoxia “volverá” a los españoles.

Es un orgullo porque nunca en mi vida, me había imaginado que Dios en su infinita misericordia, me tenía reservado este honor tan poco merecido, un orgullo porque llevo mi fe allí donde voy y es un orgullo defender desde la humildad la fe correcta. Para mi es una bendición que españoles se acerquen por vez primera a la iglesia ortodoxa, un orgullo ser ortodoxo en un país de tradición católica romana y poder plantear alternativas desde la teología de los Santos Padres y es un orgullo poder vivir de primera mano la Divina Liturgia, piedra fundamental de nuestra Fe y pilar de mi vida en el día a día. Es un orgullo conocer a ortodoxos de otros países que viven su fe de una manera tan espiritual, tan trascendente y con tanto amor a Cristo y su Iglesia.

Por último, es también una lucha hacia dentro y hacia fuera. Hacia dentro porque el demonio, cuanto más cerca estamos de la verdad, más nos ataca de forma implacable usando todos los instrumentos de so que posee, pero también es una victoria constante sobre el maligno porque Dios está con nosotros haciéndole caer cuando nosotros desde nuestra debilidad, no podemos. Es una lucha porque tienes que lidiar con radicalismos tanto externos, de otras confesiones religiosas, como internos, desde la propia ortodoxia, donde los nacionalismos radicales, la ignorancia de la historia ortodoxa y el propio miedo de algunos sectores ortodoxos te hace estar vigilante ante ataques “velados” La ceguera y la división que vivimos en la diáspora es un abismo que como ortodoxos unidos en Cristo y a través de la historia debemos trabajar para eliminar. Es necesario trabajar desde las iglesias locales independientemente del patriarcado el conocimiento y el amor al prójimo para hacer ver la ortodoxia en toda su plenitud.

Como sacerdote, la misión de mi comunidad y la mía propia es la integridad y la unicidad ortodoxa dentro de un mundo cambiante y titubeante acercando la fe a los españoles y asentando la ortodoxia a todos los fieles vengan de donde vengan. La ortodoxia es catolicidad, más allá de rencillas nacionales, políticas y de cuestiones mundanas. Como sacerdote, mi misión es enseñar a trascender el mundo cotidiano para encontrar a Dios en cada esquina de nuestro corazón.

TP: ¿Usted piensa que una evolución de la ortodoxia española podría ser posible en el futuro?

La evolución de la ortodoxia en España tiene que venir fundamentalmente por dos caminos. Un primer camino que debe nacer y potenciarse desde los diferentes Patriarcados e Iglesias que tiene presencia en España. Debemos abrirnos a la ciudadanía, a los españoles, a la calle, a través del propio evangelio acercado la Palabra de Dios y la ortodoxia a aquellos que quieran escuchar. Debemos hacernos ver como una unidad total, abandonando costumbres nacionalistas o cercando la entrada a la Iglesia a sólo unos pocos “afines” nacionales.

Debemos abrir la ortodoxia no sólo a los propios ortodoxos, sino a todos y hacer ver las ventajas, el amor y la teología de salvación de la iglesia. Para ello creo que es fundamental que desde la propia Conferencia Episcopal Ortodoxa se trabajen temas que solucionen esa “desordenación” que a ojos de los españoles hay en la ortodoxia primando la fe y no el territorio episcopal. Es lógico que existan iglesias de diferentes patriarcados nacionales, lo que no es lógico es que se ciñan sólo y exclusivamente a fieles de esas nacionalidades, ya que caemos en herejía. No podemos jugar en España a esto, sino, en el momento en que esas generaciones foráneas vuelvan a sus países, la Iglesia Ortodoxa estará condenada a desaparecer.

El otro camino es el camino de los propios fieles. Ellos tienen que ser evangelizadores ortodoxos en un mundo ciego, en una tierra donde todo lo que no sea católico romano es raro o sospechoso. Nuestros fieles deben ser voces que clamen y que enseñen a través de su vida, de sus familias y de su amor la ortodoxia en España. Para ello hay que buscar una integración total, no creando ghettos étnicos o ghettos culturales que cierren esas puertas, todos los ortodoxos deben integrarse en la sociedad con los propios españoles para sembrar la ortodoxia y no excluir, en la gran mayoría de las ocasiones a través del subconsciente a la población local. Ellos son apóstoles en un mundo que deben entender.

TP: ¿Qué puede decir acerca de los santos españoles más importantes que se celebran en la iglesia ortodoxa?

España es un país de mártires y de Santos, eso se ve desde los propios inicios del cristianismo y por ello aparecen recogidos en mayor o menor medida dentro de los santorales y martirologios ortodoxos. Muchos de ellos son poco conocidos o incluso ignorados, si bien algunos de ellos fueron de gran importancia para los Padres de la Iglesia y para la comunidad cristiana pre conciliar e incluso en época posterior.

Es de dignidad que el mundo ortodoxo reconozco de con un mayor ahínco los Santos que la península Ibérica ha facilitado a la ortodoxia entre los que se encuentren grandes Padres como San Osio de Córdoba, San Isidoro y San Leandro de Sevilla, San Leonardo, San Marcelo, San Lorenzo y grandes Santa como Santa Justa y Rufina de Sevilla, Santa mártir Áurea de Córdoba, San Braulio de Zaragoza o Santa Eulalia de Barcelona por citar unos pocos.

El mundo ortodoxo debe investigar y trabajar sobre la importancia de la Fe y la importancia de estos Santos para el mundo Ortodoxo que tanto defendieron y apoyaron en los primeros concilios y posteriormente enfrentaron con las invasiones musulmanas de la península.

La razón del desconocimiento de los mismos radica en su pertenencia al mundo de la Europa occidental y por tanto, abandonados en alguna medida por el mundo ortodoxo que miraba, después del cisma, estos territorios con recelo, sin embargo es de justicia que de nuevo los ojos vuelvan hacia estos Santos y Santas y a los mártires para volver a ponerlos en el lugar correspondiente dentro de la ortodoxia. Para ello, los ortodoxos conversos españoles debemos abogar precisamente por su conocimiento y estudio de sus escritos y vidas aprovechando las fiestas correspondientes de forma que podamos hacerles ver a nuestros hermanos en la ortodoxia residentes en España, que no están en un país indiferente o desconocido para su Fe, sino que al contrario, deben entender, conocer y potenciar la vuelta a la Fe verdadera que una vez estuvo presente de forma amplia en nuestras fronteras.


Entrevista de Tudor Petcu, febrero de 2018