miércoles, 1 de marzo de 2017

"Es tiempo de penitencia". Artículo de Miguel Alberto Solís



ES TIEMPO DE PENITENCIA
Μετανοίας ὁ καιρός

(San Andrés de Creta, El Gran Canon, Oda 1: PG 97,1333B)

Nuestro Santo Padre Bartolomé, en su exquisita Encíclica Catequética en la apertura de la Santa y Gran Cuaresma para este año 2017, ha expuesto una serie de exhortaciones tan puntuales como prudentes, y que es necesario no sólo reflexionar, sino llevar a nuestra vida:

Volver a Dios: “el período más adecuado para que el alma –nuestra propia alma– se vuelva hacia el Señor” Esto evoca una gracia divina, puesto que la conversión no proviene por iniciativa humana, sino por un llamado divino, por eso el Profeta Jeremías exclamó: “Conviértenos, Señor, a ti, y nos convertiremos (Lm 5,21a). Volver a Dios es el núcleo del mensaje del Santo Padre.

Esta conversión ha de ir acompañada de signos visibles y tiempos, que nos amonestan a la vigilancia, aquella antiquísima virtud que heredamos de nuestros Padres del Desierto. La Santa y Gran Cuaresma es un signo temporal, por ello Nuestro Padre San Andrés de Creta, a quien cita el Santo Padre Bartolomé, habla de un tiempo de penitencia, por lo que la Santa Cuaresma representa, precisamente, este tiempo, en el cual se debe avivar la práctica del ayuno, el signo distintivo del cristiano ortodoxo, no como un fin en sí mismo, sino como medio para alcanzar la “renovación y vigilancia del alma”, y la toma de conciencia de lo efímero y material, tanto como de lo eterno y espiritual, avivando el mensaje de los profetas antiguos (cf. Is 58; Jl 2).

Es el tiempo propicio para acudir al Segundo Bautismo, el sacramento del Arrepentimiento, donde con absoluta libertad se pida perdón a Dios en la presencia de su humilde testigo, el sacerdote, y escuchemos aquellas palabras de amor: “No sientas inquietud; que vayas en paz La vida sacramental hace despertar del sueño de lo ilusorio, del pecado, y a ello se refiere la cita que hace el Santo Padre de la exclamación del Padre Cretense: “Mi alma, mi alma, levántate ¿por qué duermes?

Cada vez que un cristiano tenga el aviso “Es tiempo de penitencia” debe saber que es el tiempo de lucha, y, como lo dice el Santo Padre, un tiempo para el autoconocimiento, y también para saber ubicarnos en nuestra vida personal y cristiana, con el fin de tomar un rumbo: el Evangelio. No debemos esperar más revelación, el mandamiento antiguo, aquellas proezas del Señor en la antigüedad, se vuelve un mandamiento nuevo en Jesucristo nuestro Salvador, en su palabra (cf. 1Jn 2,7-8), es por ello que nuestra fe y nuestra conducta debe ser confrontada cada día a la luz del Santo Evangelio de nuestro Salvador.

Es oportuno citar la exhortación a la penitencia que hizo Nuestro Padre Clemente de Roma, a finales del primer siglo: “Todo esto, carísimos, os lo escribimos no sólo para amonestaros a vosotros, sino también para recordárnoslo a nosotros mismos, pues hemos bajado a la misma arena y tenemos delante el mismo combate. (...) Fijemos nuestra mirada en la sangre de Cristo y conozcamos cuán preciosa es a los ojos del Dios y Padre suyo, pues, derramada por nuestra salvación, alcanzó gracia de penitencia para todo el mundo. Recorramos todas las generaciones y aprendamos cómo el Señor, de generación en generación, dio lugar a penitencia a los que querían convertirse a Él.

Con esta fe, llena de esperanza, obremos el amor que nos mostró el Señor, y convirtámonos al Señor, volvamos nuestra mirada al Evangelio, que éste sea nuestro refugio en las tentaciones, como lo hizo aquel converso descrito en El Peregrino Ruso, que leía un capítulo de los Santos Evangelios cada vez que era tentado.

Que la Madre de Dios interceda por todos nosotros y conceda sus bendiciones a todos los cristianos. Que Ella también suplique por nuestros sacerdotes, por el Santo Padre Bartolomé y el Arzobispo Policarpo. 


Miguel Alberto Solís

San Salvador, 1 de marzo de 2017