sábado, 12 de noviembre de 2016

12/11 - San Millán (Emiliano) de la Cogolla, histórico Patrono de Castilla


Los únicos datos biográficos que disponemos sobre Emiliano son los recogidos por Braulio en su célebre hagiografía, aunque en ella su autor nos comente reiteradamente que ha procurado reunir una información verídica y bien documentada.

Emiliano nació en Berceo, pueblo de la Rioja inmediato al monasterio de San Millán de la Cogolla. El actual Berceo se identifica con el Vergegio que se cita en la Vita como referencia para localizar el lugar de retiro de Emiliano y en la población donde transcurrieron los primeros años. Por su nombre se puede decir que era un hispanorromano.

De condición humilde, siendo apenas un jovenzuelo oficiaba ya como pastor de ovejas. En la soledad de los pastos sintió la llamada de Dios y de manera espontánea inició una vida contemplativa. Se trataba de un joven de un medio rural, con una escasa, por no decir nula, formación cultural y religiosa.

Todo el capítulo II de la Vita está dedicado a demostrarnos que los pasos dados por Emiliano para convertirse en eremita (recordamos que los monjes podían ser cenobitas, los que vivían en común, o anacoretas). En la España de los siglos V, VI y VII había muchos que, pretextando un amor a lo divino, llevaban una vida desordenada como eremitas. Las autoridades eclesiásticas denunciaban estos comportamientos.

Eligió un maestro que lo adoctrinara, San Félix, monje eremita, sometiéndose mediante un pacto a la disciplina del maestro. Regresando repleto de doctrina, eligió un lugar de retiro (el lugar donde actualmente se conserva la iglesia de Suso), si bien su estancia allí no fue muy duradera, pues su fama de santidad se popularizó tanto que las gentes acudían en tropel.

Se dirige entonces a los lugares más elevados de las montañas, eligiendo el monte Dirtecio. Es aquí donde permaneció durante casi 40 años y alcanzó la fama de santidad que iba a marcar el resto de su vida. Tras este periodo, aprovechando su fama, es ordenado sacerdote por el obispo Didimio, haciéndole entrega de la iglesia de Berceo, recibiendo la condición de presbítero, título que le acompañó durante toda la alta edad media.

Dedicado a repartir entre los necesitados todos los bienes y dineros de la parroquia, es considerado un peligroso heterodoxo y acusado por los clérigos que estaban a sus órdenes de arruinar la hacienda de la iglesia ante Didimio. La acusación prosperó y Didimio puso fin a su responsabilidad del curato de la misma. Por su avanzada edad, se retira al mismo lugar donde regresó tras su morada en Bilibio, sometido a prolongados ayunos en esta nueva situación y formando parte de una comunidad en la que hay monjas y posiblemente monjes, todos ellos bajo la autoridad del presbítero Aselo.


Fuente: "Emiliano, un santo de la España visigoda", de Isidro G. Bango