sábado, 11 de noviembre de 2017

11/11 - San Vicente, Diácono y Mártir


De lo poco que se conoce de la historia del santo se puede afirmar que Vincentius nació en Osca (Huesca) en el último tercio del siglo III, sobre el año 286, aunque algunos historiadores sitúan su nacimiento en Caesaraugusta (Zaragoza). Por ello se le conoce en algunos casos como San Vicente de Zaragoza, San Vicente Levita, San Vicente Diácono, San Vicente español, San Vicent de la Roda en Valencia y San Vicente Mártir en general. Su padre se llamaba Eutiquio, hijo del príncipe zaragozano Agreso, y su madre Enola, de la que sí se sabe que era de Huesca y se cree que era prima de San Lorenzo. Vicente, que parece ser que provenía de una familia cristiana, dirigente y acomodada, marchó a cursar el estudio general de Filosofía y se formó junto al obispo de Cesaraugusta Valerius, quien le ordenó diácono, y predicó la palabra de Dios en su nombre por el grave defecto que tenía en el habla el obispo. En ese contexto y desatada entre los años 303 y 305 la persecución de los cristianos por orden de los emperadores Diocleciano y Maximiano, llegó a oídos de Daciano, Prefecto de la provincia Tarraconensis, la fama de las prédicas y las conversiones que obraban Valero y Vicente.

Siguiendo así el edicto imperial de reprimir a todos aquellos enemigos de la religión pagana que era la oficial del Imperio Romano, Daciano ordenó que detuvieran a ambos y les llevaran presos, caminando y encadenados ante él a Valentia para que fuesen juzgados por el juez Rufino. Ante la negativa de Vicente de renunciar a su fe, encarceló a ambos pero, al ser Valero ya un anciano y ser de una familia consular, optó por desterrarle a Francia y se cebó con el diácono Vicente al torturarle del modo que se hacía en la época. Así se le aplicaron en la ciudad tormentos como el ecúleo o potro, la catasta en forma de aspa, que separaba brazos y piernas mediante cuerdas, azotes, desgarro con garfios, y la parrilla con carbones incandescentes. Pero Vicente tras todo esto siguió sin flaquear ni morir en ninguno de los instrumentos de tortura y Daciano decide encerrarlo en una celda sembrada de cristales y púas de hierro y con sus miembros inmovilizados con cepos. Cuenta la tradición que Vicente al fin expira en Enero de 304, teniendo de 25 a 30 años, en un mullido colchón hecho con pétalos de rosa en que se habían transformado los cristales y las púas y estando al cuidado de algunos cristianos. Para evitar que el cuerpo del mártir fuera venerado por los cristianos de la ciudad, Daciano ordenó que fuera arrojado a un descampado para que fuera devorado por las alimañas, pero su cuerpo fue protegido por los cuervos. Daciano, enfurecido, ordenó entonces que fuese llevado el cadáver a alta mar atado a una rueda de molino. Cumplida esta orden por Eumorfio en playas de Cullera, el cuerpo de Vicente llegó milagrosamente a la orilla en un paraje conocido como la Font Santa, donde se levantó una ermita, en el lugar en que lo encontró la viuda llamada Jónica que le dio sepultura.

Al finalizar la persecución contra los cristianos a partir del Edicto de Milán del Emperador Constantino en el año 313, durante el reinado de Teodosio I, y convertirse el Cristianismo en la religión oficial del imperio en el año 391, el cuerpo fue trasladado a un cementerio que se convertiría en Basílica y mausoleo a las afueras de la ciudad de Valencia (Iglesia-Monasterio de La Roqueta), que generó una inmensa corriente de peregrinaciones.

Salvador Raga Navarro
PRESIDENTE de la Asociación Cultural VIA VICENTIUS – GOGISTES VALENCIANSwww.caminodesanvicentemartir.es


Fuente: www.preguntasantoral.com