sábado, 28 de octubre de 2017

28/10 - Santos Hermanos Vicente, Sabina y Cristeta, Mártires de Talavera


La Sierra de San Vicente

La comarca de la Sierra de San Vicente la configuran distintos pueblos de la provincia de Toledo ubicados de forma radial en torno a la misma sierra: Almendral de la Cañada, Buenaventura, Cardiel de los Montes, Castillo de Bayuela, Cervera de los Montes, Garciotún, Hinojosa de San Vicente, La Iglesuela, Marrupe, Navamorcuende, Nuño Gómez, Pelahustán, El Real de San Vicente, Sartajada, Segurilla y Sotillo de las Palomas. Así pues, la Sierra de San Vicente es un macizo formado por el pico de San Vicente y el de las Cruces, entre los que discurre un valle de tres kilómetros conocido por el Piélago, en los términos municipales de Hinojosa, Real de san Vicente y Navamorcuende. En la cumbre del cerro de San Vicente se encuentran hoy unas ruinas de lo que fue un célebre eremitorio muy tardío, fundado en el siglo XVII.

La tradición de aquella comarca señala que entre las breñas y peñascos de granito del cerro, estuvieron refugiados durante la persecución e Diocleciano los santos mártires Vicente, Sabina y Cristeta. Allá por 1633 Francisco de Randona creyó ver en una cueva las señales que dejaron los santos mártires y sobre ella labró a sus expensas, una pequeña ermita donde hizo vida de anacoreta junto con otros compañeros, tomando el hábito de san Pablo y más tarde el de la orden carmelita. 

Pero volvamos a los Santos Mártires de Talavera. Esta es su historia

El Prefecto Daciano

Cuenta la historia que cuando los emperadores Diocleciano y Maximiano mandaron a España como Prefecto a Publio Daciano, hombre bárbaro y cruel, tenían el perverso intento de extinguir, si se pudiese, la religión y el nombre cristiano, a cuyo fin Daciano hizo todos cuantos esfuerzos y tentativas le fueron posibles. Antonio Marchamalo y Miguel Marchamalo en su obra “La Iglesia Magistral de Alcalá de Henares” (Alcalá 1990, págs. 34-35) afirman que “todos los indicios hacen suponer que la llegada de Daciano a Barcelona se produjo en julio del año 304, provocando el martirio de san Cucufate y san Félix Africano el 25 de julio y el 1 de agosto, respectivamente. En Gerona, en octubre del mismo año, serían martirizados el obispo Poncio y san Narciso; mientras, que el 6 de noviembre, sufriría martirio el obispo de Barcelona san Severo. Al año siguiente, el 12 de febrero pudo llegarle el martirio a santa Eulalia de Barcelona en presencia del propio Daciano que, al mes siguiente, se dirigió al centro de la Península siguiendo la calzada que por Zaragoza venía a Complutum.

En la propia Zaragoza se martirizó a santa Engracia en el mes de abril junto con sus 18 compañeras y, desde allí, bajando Daciano por la Cartaginense, llegaría a Complutum en agosto de 305 donde dio muerte a Justo y Pastor el día 6 de aquel mes. Desde Complutum iría a Toledo, donde el 9 de diciembre se produce el martirio de santa Leocadia y, desde Toledo, debió de dirigirse Daciano a Valencia, pues la persecución en Lusitania (Portugal), según los martirologios, debió de tener lugar en octubre y estuvo dirigida no por Daciano, sino por su delegado Calfurniano, que tenía su centro de operaciones en Mérida, dando origen a martirios en aquella zona como los de Verísimo, Máxima y Julia el 1 de octubre en Lisboa, el 23 de octubre en Ávila Vicente, Sabina y Cristeta y el 10 de diciembre, de nuevo en Mérida, santa Eulalia. Así pues, esta persecución de los cristianos en España comenzaría en la provincia Tarraconense (Gerona, Barcelona, Zaragoza y Calahorra), para proseguir en la Cartaginense (Alcalá y Toledo) desde donde se irradiaría a la Lusitania (Ávila, Lisboa, Mérida y Braga) y a la Bética (Córdoba, Sevilla y Écija)”.

Los Santos mártires de Talavera

Aunque tardía, se conserva una Passio (documento que narra su martirio o Pasión) y un “Himno” litúrgico que se cree de época visigótica. El Sacramentario mozárabe contiene una misa dedicada a ellos. Las narraciones nunca dieron protagonismo a Calfurniano y, sin embargo, presentan al mismo Daciano en la ciudad de Talavera. En Ebora de la Carpetania (actual Talavera de la Reina, Toledo) nacieron los hermanos Vicente, Sabina y Cristeta, en su antigua calle de Granada, llamada actualmente de Santa Lucía. El joven Vicente, educado en la religión cristiana, era ejemplar en su conducta y su modestia servía de edificación hasta a los mismos paganos. A pesar de las prohibiciones imperiales, practicaba el culto cristiano y adoraba a un solo Dios. Denunciado ante Daciano, éste ordena que le lleven ante una estatua de Júpiter para obligarle a que ofrezca incienso con amenazas de muerte si no obedece. Los guardias lo conducen con este fin y por el camino sucede el primer hecho prodigioso: una piedra se reblandece y Vicente queda materialmente clavado en ella por los pies y el báculo. Los guardias huyen aterrorizados y el joven se dirige a su casa, recoge a sus hermanas Sabina y Cristeta y huyen los tres a través de la Sierra que hoy lleva su nombre. Daciano envía un destacamento para detenerlos. Los tres hermanos serán capturados cerca de Ávila y martirizados cruelmente.

El sepulcro de los Santos Mártires, en la basílica de San Vicente de Ávila, es uno de los más bellos del arte románico español. En las paredes norte y sur del sepulcro se hallan esculpidas las escenas más importantes de la vida y del martirio de los tres jóvenes talaveranos: sus prácticas de piadosos cristianos en Talavera, la cruel persecución de Daciano que pretendía que Vicente honrase a los dioses ofreciéndoles incienso, la negativa de Vicente, la huida de éste con sus hermanas a través de la sierra hacia Ávila y su llegada a la ciudad, su prendimiento y el doble martirio (descoyuntamiento en el potro de tortura y aplastamientos con los bloques de piedra)…

El relicario de Talavera de la Reina

Para preservar las reliquias de los santos mártires Vicente, Sabina y Cristeta de la invasión musulmana, según recoge la “Crónica” de Alfonso X, el Sabio, se transportaron de Ávila al Monasterio de San Pedro de Arlanza en 1063. Después, debido al estado de destrucción de este convento, se trasladaron en 1835 a la iglesia mayor de San Cosme y San Damián de Covarrubias y luego a la capilla de los Mártires de la Catedral burgalesa, donde permanecían hasta que se autorizó el traslado de una parte a Ávila en el año 2002, puesto que el magnífico sepulcro de la Basílica de san Vicente de Ávila permanece vacío. Ildefonso Fernández en su “Historia de Talavera de la Reina”, editada en el año 1896, explica que “al monasterio burgalés de San Pedro de Arlanza acudió la villa de Talavera suplicando, en 1638, que se le concediese alguna parte de tan venerandos recuerdos, a lo cual accedió aquella comunidad… según se detalla al por menor en un pergamino guardado en la misma arquita en que las dichas reliquias se custodian en la Colegial de Talavera”.

Algún historiador, todavía recientemente, ha puesto en duda toda la historia de las reliquias y, hasta la propia existencia de los tres jóvenes mártires, pero no podemos olvidar el valor histórico y religioso de éstas reliquias y su importante significado en la historia de la fe cristiana en España ya que fueron referencia de identidad cristiana de los reinos medievales españoles. Os invitamos a conocer más a estos mártires visitando la iglesia Colegial de Talavera de la Reina. Así como la magnífica Basílica de San Vicente de Ávila donde está el cenotafio y las arquetas con las reliquias de los tres hermanos que reposan bajo el altar mayor. Y, cómo no, el increíble paraje de la Sierra de San Vicente y cada de sus pueblos. 

Jorge López Teulón


Fuente: Archidiócesis de Toledo