jueves, 26 de octubre de 2017

26/10 - San Demetrio el Mirobleta


San Demetrio vivió en Tesalónica (actualmente Salónica, en Grecia) en tiempos de los emperadores Diocleciano y Maximiano (284-305). Provenía de una de las más nobles familias de Macedonia y era admirado por todos, no solo por su nobleza y por su apostura exterior, sino también por sus virtudes, por su inteligencia y su bondad.

Ya desde joven se hizo estratega y especialista en el arte militar, de modo que, a pesar de su edad, fue nombrado general del ejército de Tesalia y procónsul de Grecia por Maximiano Galerio, César de Grecia y Macedonia. Todos estos honores no hicieron que Demetrio perdiera de vista las cosas más importantes: las relacionadas con la salvación del alma. Al ser desde siempre piadoso y estudioso de la doctrina de Jesucristo, pasaba una buena parte del día estudiando e interpretando las enseñanzas de Cristo de manera pública, sin ocultarse, tanto que muchos paganos de Tesalónica y de la región se convirtieron al cristianismo a pesar de las persecuciones que el emperador decretó contra los cristianos.

Vencedor en la guerra contra los escitas, de camino hacia Roma, el César Galerio se presentó en Tesalónica para ser aclamado por el pueblo y para sacrificar a los dioses. Algunos paganos envidiosos de la ciudad aprovecharon esta ocasión para quejarse ante el emperador, y denunciaron a Demetrio como cristiano. La ira del emperador se convirtió rápidamente en furia cuando descubrió que Demetrio no solo era discípulo fiel de Cristo, sino que incluso predicaba en público la fe cristiana. Así pues, el emperador ordenó que el santo fuera apresado y lo mandó encerrar en una prisión húmeda en el subsuelo de un baño público.

Vanagloriándose el emperador de un hombre que se llamaba Lío y animando a los varones de la ciudad a luchar con él -pues superaba a todos los de su edad en estatura y en fuerza-, un joven cristiano, de nombre Néstor, se dirigió a San Demetrio en su prisión y le dijo: "Siervo de Dios, quiero luchar contra Lío. Reza por mí". El santo, haciéndole la señal de la Cruz sobre la frente, le replicó: "A Lío lo vencerás y de Cristo darás testimonio". Así, lleno de valor por estas palabras, Néstor se fue a luchar contra Lío, lo abatió y lo mató. El emperador, avergonzado, se afligió y se enojó sobremanera. Cuando supo que San Demetrio había sido el que había animado a Néstor, envió a unos soldados y les ordenó que atravesaran al santo en prisión con sus armas por haber sido el causante de la muerte de Lío. Así, el gran Demetrio entregó inmediatamente su espíritu a Dios y realizó muchos milagros y curaciones después de su muerte. Después, por orden del emperador, se le cortó la cabeza a Néstor (cuya memoria se celebra el 27 de octubre).