viernes, 22 de julio de 2016

22/07 - Santa Mirófora e Isapóstol María Magdalena


La Santa María Magdalena, portadora de mirra, nació en la cuidad de Magdala a orillas del lago Genesaret, en la región norte de la Tierra Santa. Desde su juventud María sufrió una posesión demoníaca. Por la misericordia divina, María tuvo un encuentro con Nuestro Señor Jesucristo, cuando El, predicando el Evangelio, visitó sus tierras. El Señor se compadeció y expulsó a 7 demonios que la invadían, brindándole, de esta manera, una curación tanto física como espiritual. Desde este momento María abandonó todo y se convirtió en una discípula de Cristo, sirviéndolo con otras virtuosas mujeres. 

Cuando Cristo fue llevado ante Pilato para ser injuriado, los discípulos vacilaron en su fe y huyeron, pero María no abandonó al Señor; estuvo junto a la cruz al lado de la Purísima Madre de Dios y el Apóstol Juan, el discípulo más querido. Fue ella quien acompañó el cuerpo del Salvador cuando fue llevado a Su tumba en el jardín de José de Arimatea y allí untó el Cuerpo con la preciosa mirra y las sustancias aromáticas. Por ello fue llamada portadora de mirra. Los funerales del cuerpo del Cristo fueron realizados de una manera muy apresurada, ya que era  viernes, y dentro unas horas después, al anochecer, debía comenzar la festividad de la Pascua Judía. 

Al día siguiente después de la Pascua, un domingo por la mañana temprano, cuando la oscuridad cubría todavía la tierra, María fue la primera en llegar a la tumba para finalizar el rito de la sepultura del Cuerpo del Salvador. Durante su camino a la tumba, pensaba cómo iba a poder mover la roca a la entrada de la tumba, que era muy pesada. Cuando llegó a la cueva, vio que la roca ya estaba apartada. Entonces se apresuró a regresar al lugar donde estaban los apóstoles y les contó a Pedro y a Juan lo que había sucedido. Los Apóstoles fueron corriendo a la sepultura. Al encontrar los lienzos funerarios, los apóstoles se fueron. María, llegando después de los apóstoles, entró en la cueva donde estaba la tumba y comenzó a llorar. Entonces vio a dos jóvenes vestidos de blanco. Eran dos ángeles. Uno de ellos preguntó: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?". María respondió: "Se llevaron a mi Señor y no sé dónde le han puesto." Al pronunciar estas palabras volvió la cabeza y vio a Jesucristo. Pero no lo reconoció. Pensando que era el hortelano, le dijo: "Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto..." Jesús le dijo: "¡María!" y reconoció ella Su voz familiar y vio que era el Salvador que había Resucitado. En un ímpetu de alegría se postró María a Sus pies. 

Ese mismo día por tercera vez, María fue digna de ver al Salvador Resucitado cuando, junto a otras mujeres portadoras de mirra, volvió a la sepultura. Les contó a los apóstoles sobre las apariciones del Salvador, pero ellos no la creyeron. María, testigo de la vida y de los milagros del Salvador, recorrió numerosos países predicado el cristianismo. 

Se dice que, predicando en Roma, fue al palacio del emperador Tiberio. Durante la audiencia le habló al emperador del Señor Jesucristo, de Sus enseñanzas y de Su Resurrección de la muerte. El emperador dudó de la Resurrección y pidió alguna evidencia de ello. Entonces María tomó un huevo cocido que estaba sobre una mesa y entregándoselo le dijo: "¡Cristo resucitó!". Mientras pronunciaba estas palabras, el huevo blanco, que tenia en sus manos el emperador, se puso de color rojo vivo.(Este acontecimiento está muy bien representando en la pared oriental del altar del hermoso templo de Santa María Magdalena que se encuentra en el jardín de Getsemaní y que fue construido por el emperador ruso Alejandro III en el año 1886. La Santa está humildemente vestida de blanco al estilo apostólico, frente al emperador Tiberio, el cual se encuentra rodeado de guardaespaldas. En su extendida mano, ella sostiene un huevo rojo). En el día de su conmemoración, en el jardín Getsemaní, después de la Santa Liturgia, a los peregrinos les ofrecían huevos rojos pascuales con las palabras: "¡Cristo resucitó!" 

Después de Roma, María Magdalena fue a Éfeso y allí ayudó en la predicación al apóstol Juan el Teólogo. Las circunstancias de su muerte son desconocidas.


Fuente: Arquidiócesis Ortodoxa Griega de Buenos Aires y Sudamérica (Patriarcado Ecuménico)