lunes, 27 de febrero de 2017

La Santa y Gran Cuaresma


Según el Gran Typikon de la Laura de San Sabas, el calendario litúrgico de la Iglesia Ortodoxa se divide en tres grandes partes y son llamadas según el libro principal usado en el culto. La mayor parte del año corresponde al tiempo llamado Octoechos, un libro que contiene los himnos diarios según los ocho tonos musicales (okto-echos). Este libro contiene textos para cada día de la semana en Vísperas, Maitines, Completas, Oficios de Medianoche, Oficios Matutinos y Horas. Durante especiales períodosdel año, como es la Gran Cuaresma o el tiempo de Pascua, los otros dos libros, el Triodion y el Pentecostarion, son usados para el servicio litúrgico. En este artículo explicaré las reglas para la Gran Cuaresma y su conexión con el uso del Triodion.

El tiempo del Triodion y las tres primeras semanas de preparación


El tiempo del Triodion significa que se cambia el habitual libro de culto por uno especial. Su nombre, Triodion, procede de las tres odas o himnos cantados durante este tiempo, que reemplazan el canon habitual de nueve odas (himnos). El tiempo del Triodion, que dura diez semanas, no coincide exactamente con el inicio de la Gran Cuaresma, porque empieza tres semanas antes, continúa con las seis semanas de la Gran Cuaresma propiamente dicha y termina con la Semana Santa. El fin del tiempo del Triodion es la Liturgia de Medianoche de la Resurrección de Nuestro Señor, cuando comienza el tiempo del Pentecostarion (los cincuenta días de Pascua a Pentecostés).

En otras palabras, la Gran Cuaresma tiene tres semanas de “tiempo de preparación”. En la primera, se excluye el habitual ayuno de los miércoles y viernes. En la segunda semana, los cristianos ortodoxos ayunan miércoles, viernes y al final de la semana (domingo) se privan de comer carne hasta la Pascua. La tercera semana se llama “blanca” o “del queso”, porque se permite tomar leche, queso, huevos e incluso pescado, pero no carne. Es una especie de medio-ayuno, en preparación a la Gran Cuaresma que comienza el siguiente lunes, cuando sólo se permite la dieta vegana. Los domingos de este tiempo de preparación se dedican a la penitencia: Domingo del Fariseo y el Publicano (durante la misa se lee el texto de Lc 18, 10-14), del Hijo Pródigo(Lc 15, 11-32), del Juicio Final (Mt 25, 31-46) y de la expulsión de Adán del Paraíso (Mt 6, 14-21). Este domingo se llama también “del perdón”. El sacerdote y los cristianos se piden perdón unos a otros y se inclinan ante los demás, porque todos deben estar en paz con su vecino durante el tiempo de ayuno. A pesar de que hasta ahora he hecho hincapié en la dieta, lo cierto es que el ayuno no significa sólo una dieta especial, sino renunciar a todo lo que nos estorba en una vida conectada a Dios.

La Gran Cuaresma


La Gran Cuaresma, según la tradición ortodoxa, dura cuarenta días, es decir seis semanas, de la cual se excluyen dos días, como es la Anunciación (25 de marzo según el calendario de las Iglesias en Constantinopla, Antioquía, Grecia, Bulgaria, Rumanía, Albania, parte de Polonia y la República Checa) o el 7 de abril (Iglesias de Jerusalén, Monte Athos, Patriarcado Ruso, Serbia, Georgia, parte de Polonia y República Checa) y el Domingo de Ramos, el sexto domingo de la Gran Cuaresma, cuando a los cristianos se les permite comer pescado y beber vino como signo de alegría y de anticipación de la Resurrección. Durante este tiempo, todas las ropas litúrgicas y atuendos cambian a color negro; sólo los sacerdotes pueden, los domingos, ir de blanco, como signo de la Resurrección que está por venir.

La primera semana de la Cuaresma es muy dura, especialmente en los monasterios. Las monjas y monjes ayunan completamente desde la noche del domingo hasta la del miércoles después de la Liturgia de los Dones Presantificados, que es una liturgia especial celebrada sólo en la Gran Cuaresma y sólo de noche, siendo su autor San Gregorio Magno, Papa de Roma. Debido a esto, los dos primeros días de la Cuaresma (lunes y martes) son días alitúrgicos, siendo así que no se celebra misa, por lo que los monjes no se ven obligados a interrumpir su ayuno y oración. Sólo las Siete Laudae, con un ritual especial, son celebradas, y el texto de los himnos tienen un tono de profundo arrepentimiento. La oración habitual “Dios es Nuestro Señor y se nos ha mostrado” se sustituye cantando un triple Aleluya. En lugar de las Pequeñas Completas, las Grandes Completas son mucho más largas y contienen el Gran Canon de San Andrés, obispo de Creta (s.XI), una obra maestra de la poesía bizantina, en el mismo tono de arrepentimiento. Los siete servicios se terminan con una oración de San Efrén el Sirio, junto a dos inclinaciones hasta tocar la frente en el suelo (gran metanoia) y un cierto número de pequeñas inclinaciones, tocando simplemente el suelo con la mano (pequeña metanoia) que son símbolos de arrepentimiento y de que reconocemos que nosotros, los seres humanos, sólo somos polvo y al polvo retornaremos.

Sólo en sábado se celebra la habitual Liturgia de San Juan Crisóstomo y el Réquiem por los muertos, como signo de que Cristo bajó al Inframundo en sábado. La Liturgia de San Basilio es la misa cebrada los domingos. Las otras seis semanas se repite el mismo ritual, con la excepción del Gran Canon y del cambio de la misa habitual: de lunes a viernes, simplemente la Liturgia de los Dones Presantificados del papa Gregorio, celebrada al anochecer; los sábados, la Liturgia de San Juan Crisóstomo; los domingos, la Liturgia de San Basilio el Grande.

Los domingos de Cuaresma tienen también un simbolismo especial conectado al arrepentimiento. El primer domingo, es decir el primero al terminar la primera semana de Cuaresma, se llama el Domingo de la Ortodoxia, y está especialmente dedicado al Séptimo Concilio Ecuménico, cuando los iconos regresaron a las iglesias. Durante el servicio, se repite el Anatema sobre las herejías condenadas en los Concilios Ecuménicos (esta tradición ha desaparecido en la costumbre rumana, pero se mantiene en la Iglesia Rusa) y se organizan procesiones con iconos por las calles. El Evangelio leído durante la misa es Mt 20, 1-16, una parábola sobre la recompensa del trabajo en la viña del Señor.

El segundo domingo está dedicado a Gregorio Palamas, el Padre de la Iglesia que habló de la Naturaleza Divina que se muestra a través de Energías en la creación. El Evangelio es Mc 2, 1-12, la curación del paralítico en Cafarnaún. El tercer domingo está dedicado a la Santa Cruz. Además de una procesión con una cruz ritual adornada con flores, la ceremonia entera consiste en himnos de alabanza al Sacrificio de Cristo y su sufrimiento. El Evangelio tiene la misma connotación (Mc 8, 34-38), ya que habla de la autorrenuncia, la aceptación de la cruz personal y el seguir a Cristo. El Domingo de la Cruz marca la mitad de la Cuaresma, y el Synaxarion del día recuerda que es la Cruz la que ayuda a los cristianos a seguir adelante hasta la Resurrección.

El cuarto domingo está dedicado a San Juan Clímaco, autor de un libro ascético llamado “La Escalera” que describe el camino que deben seguir los monjes para alcanzar la bienaventuranza divina. El Evangelio que se lee se refiere a las nueve Bienaventuranzas (Mt 4, 25-5, 1-12). El sexto domingo, de María Egipcíaca, sigue el mismo tono de arrepentimiento. La gran historia de María es un ejemplo de que todos los cristianos pueden regresar a Cristo, sin importar qué hicieron antes, si se arrepienten. El Evangelio leído es Lc 7, 36-50, sobre la mujer que lavó los pies del Señor. Finalmente, el Domingo de Ramos finaliza el período de cuarenta días y se celebra con hojas de palma, bien de sauce (en Rumanía) o de abedul (en Russia), donde no hay muchas palmeras.

La Semana Santa tiene un ritual litúrgico especial. El tiempo gira al revés, ya “no tiene paciencia”. El servicio matutino del lunes se celebra el domingo por la noche y así sucesivamente en toda la semana. También el servicio vespertino (las Vísperas) se celebran por la mañana y se combinan el miércoles y el sábado con la Liturgia de San Basilio. Muchos cristianos ayunan hasta el anochecer, van a confesarse y limpian sus casas en espera de la Resurrección. Cada tarde van a la iglesia a celebrar, como ya se ha dicho, los servicios matutinos, dedicados a los eventos de la Pasión relatados en los Evangelios. Los servicios más importantes se inician el jueves con la Liturgia de la Última Cena combinada con la ceremonia del lavatorio de pies de 12 personas. El Viernes Santo es un día alitúrgico y los cristianos ayunan hasta el anochecer, cuando participan en las Completas del Sábado Santo, que es prácticamente una ceremonia de entierro donde se canta un Canon de las Lamentaciones de la Theotokos, una obra maestra de la poesía y el momento más grande de la Gran Cuaresma. El Epitaphion, un icono de tela que representa el entierro de Cristo, se lleva por toda la iglesia y es finalmente depositado en el altar, que simboliza el sepulcro de Cristo.

La Liturgia celebrada el sábado por la mañana está dedicada a la Apertura de los Infiernos. Antes de leer el Evangelio, las ropas de los ministros y los atuendos en la iglesia se cambian y las oscuras son sustituidas por las blancas: antes de la Resurrección, según la tradición, Cristo predicó el Evangelio en los Infiernos y salvó a Adán, a Eva y a todos los Justos de la Antigua Ley. Hay que hacer notar que el icono del Descenso de Cristo a los Infiernos es el icono canónico de la Resurrección en la Iglesia Ortodoxa, y no el que lo representa como un vencedor, saliendo de la Tumba. Esto puede explicarse por el hecho de que la Resurrección, en sí misma, no es lo más importante para un ortodoxo, sino más bien sus efectos, es decir, nuestra salvación de la condena eterna.

Mientras esperan la Resurrección, todos los cristianos se reúnen en la iglesia una hora antes de la medianoche, en la Vigilia Pascual. Normalmente, a medianoche, todas las velas y luces de la iglesia se apagan. Sólo la vela que cuelga junto a la Cruz de Cristo en el altar está permitida; el sacerdote tomará la Santa Luz de allí y la transmitirá a los demás, cantando la alegría de la Resurrección.

Espero haber descrito la Gran Cuaresma de un modo que los lectores de Pregunta Santoral hayan podido entender. Hay mucho que decir, por lo que es difícil distinguir lo que vale la pena debatir y lo que no. Es crucial decir que la dieta vegana es muy importante, porque permite a los cristianos concentrarse más en sus oraciones. Pero en cualquier caso, la dieta no es lo más importante en la Gran Cuaresma. El arrepentimiento, el perdón y las buenas obras son necesarias para ser mejor cristiano. Mejorada con éstos, la Comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo es, de hecho, el núcleo de este tiempo de arrepentimiento y de renuncia. Ayunar durante la Cuaresma siempre aporta mayor alegría a todos, pero en cualquier caso todos están llamados a la Última Cena: los que siguen todas las normas, los que ayunan sólo una semana e incluso los que no respetan en absoluto el ayuno. Como Juan Crisóstomo escribió en su Sermón de Pascua, todos los seres humanos están llamados a gozar la Resurrección.

Os deseo a todos una Gran Cuaresma llena de alegría espiritual, combinada con arrepentimiento y buenas obras, a la espera del gran día de la Resurrección.

Mitrut Popoiu