domingo, 18 de diciembre de 2016

El milagro de la casulla de San Ildefonso, una tradición ortodoxa hispánica


La noche del 18 de diciembre de 665 San Ildefonso, junto con sus clérigos y algunos otros, fueron a la iglesia para cantar himnos en honor de la Virgen María. Encontraron la capilla brillando con una luz tan deslumbrante que sintieron temor. Todos huyeron, excepto Ildefonso y sus dos diáconos. Estos entraron y se acercaron al altar. Ante ellos se encontraba la Virgen María, sentada en la silla del obispo, rodeada por una compañía de vírgenes entonando cantos celestiales. María hizo una seña con la cabeza para que Ildefonso se acercara. Habiendo obedecido, ella fijó sus ojos sobre él y dijo: «Tu eres mi capellán y fiel notario. Recibe esta casulla, la cual mi Hijo te envía de su tesorería». Habiendo dicho esto, la Virgen misma lo invistió, dándole las instrucciones de usarla solamente en los días festivos designados en su honor.

Esta aparición y la casulla fueron pruebas tan claras que el concilio de Toledo ordenó un día de fiesta especial para perpetuar su memoria. El evento aparece documentado en el 'Acta Sanctorum' como El Descendimiento de la Santísima Virgen y de su Aparición. La importancia que adquiere este hecho milagroso sucedido en plena 'Hispania Ghotorum' y transmitido ininterrumpidamente a lo largo de los siglos ha sido muy grande para Toledo y su catedral. Los árabes, durante la dominación musulmana, al convertirse la Basílica cristiana en Mezquita, respetaron escrupulosamente este lugar y la piedra allí situada por tratarse de un espacio sagrado relacionado con la Virgen María, a quien se venera en el Corán. Esta circunstancia permite afirmar que el milagro era conocido antes de la invasión musulmana y que no se trata simplemente de una de las muchas historias piadosas que brotaron de la cultura popular. En la catedral los peregrinos pueden aún venerar la piedra en que la Virgen Santísima puso sus pies cuando se le apareció a San Ildefonso.

Ofrecemos a continuación la interpretación que Manuel López Castilleja hace de la cuaderna vía de Gonzalo de Berceo relatando el milagro.