viernes, 9 de diciembre de 2016

09/12 - Concepción por Santa Ana de la Santísima Madre de Dios


De la madre de la Santísima Virgen María no hay referencias algunas en los Evangelios ni en los restantes escritos del Nuevo Testamento. Lo que conocemos es por la Santa Tradición. Según estas narraciones, el sacerdote Matán, residente de Belén, tuvo tres hijas: Maria, Sobi y Ana. Maria, luego de casarse en Belén, dio a luz a Isabel, madre de Juan el Bautista; Ana se caso con Joaquín de Galilea, y luego de muchos años tuvieron a la Santísima Virgen María. La tradición nos relata que los padres la consagraron al servicio del templo de Jerusalén a la edad de tres años, y ellos después de pocos años murieron.

Santa Ana era honrada desde la antigüedad; esto lo concluimos por escritos de varios Padres de la Iglesia y también de himnos eclesiásticos antiguos en honor a la madre de la Virgen Maria. También existen referencias del año 550 en el sentido de que emperador Justiniano consagró un templo en Constantinopla en su honor. Pidamos las intercesiones de Santa Ana para la salvación de nuestras almas.

La Natividad de María es celebrada el 8 de septiembre. Una tradición muy popular entre los ortodoxos dice que el período de nueve meses concluye agregándole un día mas para ilustrar de esa forma la “mera humanidad” (de la Virgen María), en contraposición con la “divina humanidad” de su Hijo, cuya concepción en la fiesta de la Anunciación es celebrada  el 25 de marzo, exactamente nueve meses antes de su navidad.

En esta gran fiesta que encuentra su lugar en la Iglesia precisamente en el tiempo de preparación a la Navidad, los creyentes se regocijan en el evento en el cual María es concebida como respuesta a las oraciones de sus padres para ser formada en el seno de su madre, nacer, ser dedicada al Señor, y ser criada en santidad para convertirse, por la gracia de Dios, en la madre de su Hijo el Mesías.

Sumado a los himnos de los oficios, existen íconos y frescos de esta fiesta que los fieles veneran y besan, y que muestran a la santa pareja en un abrazo de amor dentro de su cámara nupcial.

La Iglesia Ortodoxa, particularmente en el tiempo presente, no llama a la fiesta del inicio de la vida de María como “la Inmaculada Concepción”, pese a que en tiempos antiguos este título hubiera sido plenamente aceptable. Esto no es porque los ortodoxos consideremos que la concepción de María fue algo “maculado” o “manchado”. Esto simplemente significa que los ortodoxos no aceptamos la idea de que Dios tuvo, de alguna manera, que intervenir en la concepción de María con una acción especial para remover “la mancha” del pecado original transmitido por el acto de la reproducción humana porque, simplemente, los ortodoxos sostenemos que dicha “mancha” no existe.

¿Qué dice la Iglesia Ortodoxa sobre el pecado original? La teología ortodoxa enseña que todos los seres humanos, incluyendo la Virgen María quien es un “ser humano” como el resto de nosotros –no como su hijo Jesús quien es un “real humano” pero no un “mero humano” porque es el encarnado Hijo y Verbo de Dios- nacen en un mundo caído, encadenado por la muerte, acribillado por el demonio cuya “forma pasa” (I Cor 7:31). Todos nacemos mortales y tendiendo hacia el pecado. Pero no nacemos culpables de ningún pecado personal cometido “en Adán”. Ni nacemos manchados por la manera en que somos concebidos por la unión sexual de nuestros padres. Si la unión sexual en el matrimonio es en cualquier sentido pecaminosa, o la causa en si misma de cualquier pecado o mancha, aún en las condiciones del “mundo caído”, entonces, como inclusive el riguroso San Juan Crisóstomo dice, Dios sería un pecador porque Él nos hizo de esta manera, hombres y mujeres desde el mismo principio.

La Iglesia Ortodoxa enseña que es posible por la Gracia de Dios, con quien todas las cosas son posibles, que la unión sexual, aún en la presente condición, sea buena, santa, hermosa, amorosa y pura. La prueba de esto es la fiesta de la Concepción de María por la unión de sus padres Joaquín y Ana (y la concepción de Juan el Bautista por la unión de sus padres Zacarías e Isabel), que no menciona de ninguna manera ninguna “mancha” teniendo que ser removida por una acción especial de Dios, y para nada conectada con la manera en la cual la concepción ocurre.

María es concebida por sus padres de la misma manera que todos nosotros somos concebidos. Pero en su caso es un acto puro de fe y de amor, en obediencia a la voluntad de Dios y como una respuesta a la oración. En este sentido su concepción es realmente “inmaculada”. Y su fruto es la mujer que por siempre es la purísima Virgen y Madre de Dios. 


Fuente: Arquidiócesis Ortodoxa Griega de Buenos Aires y Sudamérica (Patriarcado Ecuménico) / Arquidiócesis de Buenos Aires y Toda la Argentina (Patriarcado de Antioquía y Todo el Oriente)