lunes, 21 de noviembre de 2016

21/11 - Entrada de la Santa Madre de Dios en el Templo


De acuerdo con la Sagrada Tradición, la Entrada de la Santísima Madre de Dios al Templo ocurrió así: los padres de la Virgen María, los justos Joaquín y Ana, rogando que acabara su esterilidad, hicieron voto de que si una criatura les era nacida, le dedicarían al servicio de Dios.

Cuando la Santísima Virgen cumplió tres años, sus santos padres decidieron cumplir su voto. Congregaron a sus familiares y amigos, y vistieron a la Purísima María con sus mejores vestidos. Cantando himnos sagrados y con cirios encendidos, las vírgenes la escoltaron al Templo (cfr. Salmo 44:14-16). Allí el Sumo Sacerdote y varios sacerdotes recibieron a la esclava del Señor. En el Templo, quince escalones conducían al Santuario, al que podían entrar sólo los sacerdotes y el Sumo Sacerdote. (Los salmos 119-133 son llamados «cánticos graduales» porque los sacerdotes recitaban uno de estos salmos en cada escalón). Tal parecía que a la niña María le era imposible subir esta escalera. Mas tan pronto como la colocaron en el primer escalón, fortalecida por el poder de Dios, subió rápidamente los demás escalones, llegando al más alto. Entonces el Sumo Sacerdote, inspirado desde lo alto, llevó a la Santísima Virgen al Santo de los Santos, al cual sólo el Sumo Sacerdote podía entrar, y esto sólo una vez al año para ofrecer un sacrificio expiatorio. Por lo tanto, todos los presentes se quedaron atónitos ante este hecho sin precedentes.

Los justos Joaquín y Ana, habiendo confiado su hija a la voluntad del Padre Celestial, regresaron a su casa. La muy bienaventurada María permaneció en las habitaciones para las vírgenes cerca del Templo. Alrededor del Templo habían muchas habitaciones en las que vivían aquellos dedicados al servicio de Dios, según el testimonio de las Sagradas Escrituras y del historiador Flavio Josefo. La vida terrenal de la Santísima Madre de Dios desde su infancia hasta su asunción a los cielos está envuelta en un profundo misterio. Su vida en el Templo de Jerusalén es también desconocida. «Si alguien me preguntara», dijo el bienaventurado Jerónimo, «como la Santísima Virgen pasó el tiempo de su juventud, contestaría que esto es conocido sólo por Dios mismo y por el Arcángel Gabriel, su guardián constante».

Pero hay relatos en la tradición de la Iglesia que indican que durante la estadía de la Purísima Virgen en el Templo, esta creció en una comunidad de piadosas vírgenes, leía diligentemente las Sagradas Escrituras, se ocupaba con trabajos manuales, oraba constantemente y crecía en amor por Dios. En conmemoración de la entrada de la Santísima Madre de Dios al Templo de Jerusalén, la Santa Iglesia instituyó una solemne fiesta desde tiempos antiguos. Los decretos que establecen la fiesta en los primeros siglos del cristianismo se encuentran en la tradición de los cristianos palestinos, donde se hace mención de que la santa emperatriz Elena construyó una iglesia en honor de la entrada de la Santísima Madre de Dios al Templo.

San Gregorio de Nisa menciona esta fiesta en el siglo IV. En el siglo VIII, los santos Germán y Tarasio, patriarcas de Constantinopla, predicaron sermones con ocasión de la fiesta de la Entrada.

La fiesta de la Entrada de la Santísima Madre de Dios en el Templo prefigura la bendición de Dios a la raza humana, la predicación de la salvación, y la promesa de la venida de Cristo.